padre sol.
La tradición nativa ve la dualidad en todo lo que existe: tierra y sol, hombre y mujer, están presentesen todo: nada puede ser posible sin esta dualidad.
Ninguno es superior ni inferior, son diferentes y complementarios
En el proceso de embarazo y parto esta dualidad se expresa así: el hombre fecunda, la mujer gesta, el hombre sostiene, la mujer se abre, el hombre protege, la mujer nutre.
Los rituales nos permiten recordar lo que ya sabemos: que tenemos toda la fecundidad de la Madre Tierra en nuestras entrañas, que tenemos la fuerza del jaguar, la sabiduría y la capacidad deregeneración de la serpiente, la visión y la capacidad de volar del águila.
Un hermano de México le escribió esta canción a su mujer cuando estaba embarazada:
Qué mujer eres tu
Que guarda el sol en su vientre
Qué mujer eres tú,
Mujer serpiente
Mujer venado,
águila mujer
mujer jaguar,
mujer hermosa,
mujer, mujer.
Mujer morena
Con un signo de luz
Y tu vientre gestando al sol
Mujer lucero
Mujer, mujer.
Mujer montaña
Mujer de mar
Mujer de arena
Geografía de mujer
Mujer fecunda
Mujer hermosa
Corazón del mundo, mujer
Hermosa mujer de amor.
Revalorar el poder de la mujer de gestar, parir, nutrir.
En las tradiciones indígenas la mujer alcanza su plenitud cuando se convierte en madre, cuando a
semejanza de la Madre Tierra, es fecunda y gesta la vida, cuando se abre para permitir nacer los
hijos.
“El papel de la mujer es esencial en los diseños específicos en los que se invocan las fuerzas de la
naturaleza”, Algunos momentos de la ceremonia son dirigidos exclusivamente por una mujer que haya sido madre. “Como ella es la primera medicina que tenemos sobre la tierra, porque nos da de comer de sí misma cuando nacemos, ella es la que bendice los alimentos para pasar esta medicina a todos nosotros. Solamente una mujer que haya dado vida tiene en esta bendición.”
Todo lo que nace necesita una mujer que lo geste
Por supuesto que las mujeres no parimos sólo hijos: nuestro vientre, nuestro útero es jarron, un cantaro, oscuro y tibio, en donde el Gran Misterio deposita los sueños, los proyectos de nuestro pueblo, para que los alimentemos y los hagamos crecer. Así todo proyecto, todo logro grande o pequeño de la familia necesita una mujer que lo geste, que lo alimente y que lo de a luz. De esta manera no se puede entender la creación sin la mujer, sin la intervención de una mujer.
El papel de la mujer se entiende así como fundamental, y la maternidad se extiende a todo lo que
podemos crear, embellecer, alimentar. Es creación una comida bien preparada, un cuadro, cultivar un huerto, organizar y llevar adelante un negocio. Siempre que lo hagamos con esa conciencia...
La mujer y su familia
La mujer que va a ser madre no lo está haciendo sola. Tiene su compañero, tiene su familia. Todos ellos le dan apoyo. Pero aun si estos apoyos faltan, o son inadecuados, para las tradiciones
indígenas todos somos parientes: nuestros hermanos de dos pies, de cuatro pies, nuestros
hermanos que vuelan, los que nadan, los que se arrastran, nuestros abuelos piedra.
El pueblo verde
Son nuestros hermanos los seres del pueblo verde, las plantas.
A ellas podemos pedirle ayuda para un buen parto para darnos fuerza. Y así el uso de plantas
medicinales para el embarazo y parto se basa no sólo en los principios activos, sino en su espíritu
que nos ayuda y nos bendice.
El sentir, el saber que tenemos un lazo con todos los seres hace que una no se sienta nunca sola.
Toda mujer que va a parir necesita una madre.
Pero a veces la nuestra no está, o no es lo que nosotras quisiéramos que fuera. Y ahí nos sentimos solas, desamparadas, sin apoyo ni sostén. Hasta que nos damos cuenta que nuestra verdadera madre siempre está, nos sostiene, nos alimenta y nos abriga: es nuestra Madre Tierra. En realidad ella es la madre de todos los seres, por eso todos somos parientes.
Nuestra verdadera Madre.
Muchas veces a lo largo de la crianza sentimos que es mucho, que somos incapaces de sostener ,
alimentar, cuidar a nuestros hijos. Nos pasa a todas las mujeres.
En muchas culturas americanas originarias la partera no recibía a la criatura que nacía, sino que
abría un hoyo en la tierra, lo cubría con pieles y la madre dejaba que su hijo se deslizara desde su
cuerpo a este pequeño y mullido refugio, para que la primera que lo tomara entre sus brazos fuera su verdadera madre: la Madre Tierra.

Ometeotl.






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