martes, 25 de enero de 2011

EL ABISMO, LA CUSPIDE.

El abismo, la cúspide
Documento esclarecedor de hechos
Tlacatzin Stivalet. 1999

Los mexicanos hemos crecido en un ambiente lleno de mentiras. Se nos recuerdan aquellas palabras del maestro Jesús de Nazareth que dicen «la verdad os hará libres», pero hasta allí. Generalmente lo que ocurre es que los mexicanos no decimos la verdad, quizás, recordando aquello de que «la verdad no peca pero incomoda». Los mexicanos evitamos decir aquello que pueda hacer que alguien se sienta lastimado.

Cualquier diccionario nos dice que el vocablo verdad es usado para expresar ‘calidad de lo que es cierto’, o bien la ‘conformidad de lo que se dice con lo que existe’; también se utiliza para confirmar nuestra ’sinceridad’ al hablar, lo cual es sinónimo de asegurar ‘buena fe’ al expresar nuestro pensar. En resumen, se puede decir que esta palabra expresa tanto una intención limpia cuanto realidad de nuestras palabras.

Una forma clara de entender el significado esencial de lo cierto, de lo verdadero, es la manera en que Jorge Luis Borges la conceptualiza: «la única verdad es la realidad». En el presente se entiende “la realidad” como la gran totalidad que llamamos Universo. Para ubicarnos como seres humanos, tenemos que reconocer que “nuestra única verdad” es la integrada por la tierra, la lluvia, el aire y el sol.

Quizás sea más adecuado decir que la gran verdad de la vida es: ser el resultado armonizante del trabajo colectivo entre la tierra, la lluvia, el aire y el sol. Esto nos incluye a todos los seres vivientes. El resultado de tomar conciencia de esta verdad es que nos inundamos de un sentimiento de armonía con todo lo vivo: árboles, plantas, aves, peces, mamíferos, reptiles, insectos, arácnidos, moluscos, et cetera.

También es cierto que al constatar que somos solo una más de los millones de especies que poblamos nuestro planeta ese sentimiento de armonía se transforma en sobrecogimiento, en sensación de pequeñez. Cuando vemos algún documental sobre vida silvestre nos llenamos de terror: únicamente sobreviven los más aptos. Esto cuenta tanto para los individuos cuanto para las especies.

NAUTILO

Según afirman quienes estudian lo vivo, aquellos que se autoproclaman biólogos, más del 90 por ciento de las especies aparecidas en los 3,200 millones de años de existencia de lo vivo ya se extinguieron. Es preciso reconocer que, mientras los humanos tenemos escasos tres millones de años, hay especies que han existido durante 500 millones de años: como es el caso del molusco del Océano Indico llamado nautilo.

Esta permanencia resulta notable ante el hecho de que «lo único constante en lo vivo son los cambios». Dicho de otra manera, «lo único cierto de lo vivo es lo incierto». Es por esto mismo que, para los humanos, «la única certeza es la incertidumbre». Esta verdad quizás pueda expresarse mejor diciendo «al romperse el trabajo comunal [colectivo] de una especie ocurre la extinción de dicha especie».

En efecto, la evolución siempre ocurre a través de sucesivas etapas de cambio. Resulta frecuente que estos cambios desequilibren el ámbito en que se generó una especie, cuando así ocurre, la especie busca armonizarse con la nueva situación: si lo logra pervive, si no, se extingue. Para pervivir, una especie tiene necesariamente que permanecer integrada al trabajo colectivo.

Es muy importante tener presente este hecho. Ante el cambio de ambiente, al salirse del trabajo colectivo, lo más frecuente es que una especie desaparezca. Actualmente sabemos ya que muchas especies de dinosaurios desaparecieron hace 65 millones de años. Estadísticamente, a lo largo de 3,200 millones de años, menos del 10 por ciento del total de especies aparecidas han sobrevivido a los cataclismos.

Podría decirse algo más, ese pequeño número de especies ha sido consecuencia de adaptación ante cambios de ambiente. Es posible que haya habido especies que desaparecieron como consecuencia de los cambios que se originaron en nuestro planeta. En este caso está la especie de los microorganismos que generaron el oxígeno que forma el 21 por ciento de la atmósfera terrestre.

No obstante de la tendencia al fracaso de las especies vivas, lo vivo manifiesta siempre un poderoso impulso armonizante. La exuberancia de lo vivo habla de manera elocuente de respuestas exitosas a los innumerables cataclismos ocurridos a lo largo de 3,200 millones de años. Es aquí donde tenemos que reconocer que la característica esencial de lo vivo es un fuerte impulso armonizante.

Al ser la especie mayor más reciente, es lógico pensar que los humanos somos la especie más evolucionada de todas: consecuencia de una larga cadena de éxitos. Esto plantea que en nuestra especie se manifieste con gran fuerza este impulso armonizante. Quizás esto sea la explicación de por qué ya alcanzamos la cifra de 6,000 millones. Somos la especie mayor más abundante sobre el Planeta.

Dañamos el planeta

El éxito de nuestra especie ha generado un grave problema. Ya se han levantado voces de quienes estudian los ecosistemas: advirtiendo que somos demasiados. Hay quienes afirman que el ecosistema que cubre todo nuestro planeta admite un máximo de 550 millones de seres humanos: somos diez veces más humanos de los que nuestro ecosistema puede sostener en armonía.

Aquí surge una pregunta: ¿qué hacer? Resulta innecesario decir que si no actuamos, si nos dejamos llevar por la inercia en que vamos, nuestra especie dañará al Planeta de manera irreversible y, consecuentemente, desapareceremos como especie. El sentir de nos pocos humanos es de que nuestra especie tiene necesariamente que extinguirse. Resulta imprescindible dilucidar este dilema.

Los cristianos y los musulmanes, en total unos tres mil millones de humanos, cerca de la mitad de la población total, hablan del “fin de los tiempos”, del “juicio final” que ocurrirá, necesariamente, cuanto todos los humanos hayamos muerto. De aquí se deriva, aplicando la lógica, que la especie Homo sapiens sapiens tiene que desaparecer de la faz de la Tierra.

Hay que tener presente que el planteamiento del “juicio final” fue hecho hace muchos cientos de años, mucho antes de que Charles Darwin descubriera que los humanos somos parte de un proceso de evolución que se inició hace millones de años y no, como afirman aún los católicos, hace 6,000 años: por la acción súbita de un ser extracósmico llamado en hebreo Yahveh o Jehovah.

Resulta obvio decir que la pervivencia de los humanos tiene que estudiarse en el referente planteado por Charles Darwin y no en el planteado por los católicos o los musulmanes. También es obvio que no se puede usar el referente de aquellos que son señalados como fascistas, quienes plantean que la solución a la sobrepoblación humana tiene que ser la guerra de exterminio racial: el genocidio.

Existen no pocos humanos, especialmente de países ricos, países llamados industrializados o poderosos, que están llevando a cabo acciones de esterilización de mujeres pobres: para evitar que tengan hijos. Esto es una manera errónea y frívola de entender el proceso de evolución: muchos ricos piensan que ellos son más aptos que los pobres. Por esto desean exterminar a los pobres.

La realidad es lo contrario. El peligro de extinción atribuible a la sobrepoblación humana ha sido consecuencia de la voracidad de quienes se rigen por el capitalismo. El crecimiento desmedido de las ganancias ha ocasionado un daño grave al planeta: la contaminación de terrenos, de aguas y de las atmósfera. El capitalismo está ocasionando la extinción de nuestra especie.

La palabra capital, usada en diferentes lenguas europeas, procede del latín capitalis, una palabra derivada de caput ‘cabeza’, que como sustantivo significa ‘delito de pena capital’, es decir “pena de muerte”, y como adjetivo tiene el sentido de que acarrea la muerte corporal o civil: poena capitalis ‘pena capital’, es decir “pena de muerte”, capitale periculum significa ‘peligro de muerte’.

Aún hay más. Capitalis también significa ‘mortal’, ‘fatal’, ‘funesto’, por ejemplo: capitalis morbus se utilizaba en latín para decir ‘enfermedad mortal’, capitale odium significa en castellano ‘odio encarnizado’, ‘odio mortal’. Cuando uno conoce este origen etimológico, se puede apreciar la dimensión última del capitalismo: es una enfermedad mortal de lo vivo que ha condenado a muerte al ser humano.

El cataclismo ecológico, que se vuelve más grave, acercándose a la extinción de los humanos, es minimizado por los países ricos, a quienes no les interesa renunciar a ganancias cada vez mayores. Los humanos todos, tanto ricos cuanto pobres, estamos enfrentando un dilema: armonizarnos con nuestro ecosistema planetario o extinguirnos. Los ricos no actúan por interés: actúan por capital.

El éxito del capitalismo ha sido paralelo a la degradación del medio ambiente. La extracción de cada vez más y más recursos naturales para trasformarlos en artículos cada vez menos necesarios ha causado crecientes desajustes en el ecosistema Tierra, limitando su capacidad para el trabajo colectivo de la tierra, la lluvia, el aires y el sol: única garantía de que los humanos seamos sustentados por el Planeta.

Si los humanos actuales somos diez veces más de los que puede sustentar nuestro planeta, es lógico proponer que tenemos que evolucionar lo necesario para ser, al menos, diez veces más armonizantes de lo que hemos sido tradicionalmente. Es obvio que para tener éxito, y sobrevivir al cataclismo actual, tenemos que pensar en opciones diferentes al capitalismo y a las religiones mediterráneas.

Lo anterior es fácil de afirmar pero muy difícil de llevar a cabo. La gran mayoría de los humanos de nuestro planeta comparte el criterio de que «el único éxito que existe es el económico». En castellano existen muchos dichos que avalan este pensar: “poderoso caballero es don dinero”, “dime cuanto tienes y te diré cuanto vales”, “con dinero baila el perro”, et cetera.

El país más rico del presente es también el país objetivo de muchos humanos. En efecto, Estados Unidos ha tenido que frenar la inmigración. Han establecido cuotas de inmigración por país de origen, que resultan siempre inferiores a las solicitudes de inmigración. La frontera entre México y Estados Unidos es la más vigilada del mundo: para detener a quienes intentan inmigrar de manera ilegal.

Este es el argumento más fuerte que existe a favor del capitalismo. Es obvio que existe un conflicto entre el bienestar personal y el bienestar colectivo. La búsqueda de bienestar individual que ha sido el motor del sistema económico conocido como capitalismo, o “neoliberalismo”, ha estado haciendo crecer la incertidumbre de nuestra pervivencia, está haciendo crecer la certidumbre de nuestra extinción.

Lo que no sabemos es si nuestra especie ya traspasó el punto irreversible hacia la extinción. Esta es la primera verdad que tenemos que encontrar. Es urgente dilucidar esta duda: si tenemos futuro, para trabajar colectivamente en esa dirección; si ya no tenemos futuro, para resignarnos a la extinción. Asimismo, en caso de tener futuro, requeriremos un compromiso personal en el trabajo colectivo.

En esta trascendental empresa del ser humano, no tenemos herramienta más poderosa que el impulso armonizante que caracteriza todo lo vivo. Es por esto que necesitamos un criterio, una concepción de la verdad que nos sirva de brújula en esta etapa llena de confusión, de incertidumbre. Así, ya podemos afirmar que «la verdad siempre es armonizante, si no es armonizante: no es verdad».

La verdad que buscamos es la de la pervivencia, la que permita restaurar nuestra integración al trabajo colectivo que sustenta a los seres vivos de nuestro planeta. Esto implica encontrar una verdad tal que, al conocerla, cada uno de nosotros sienta un fuerte impulso hacia la accción colectiva. Lo anterior, es obvio, cuenta para el ser humano en general: para quienes ya somos 6,000 millones en total.

Aquí, los mexicanos necesitamos tener presente que «el buen juez por su casa empieza». Al observar nuestra realidad nacional, lo último que se puede decir es que exista armonía en lo social, en lo político, en lo económico, en lo familiar y en lo educativo. Es necesario hacer un trabajo colectivo de esclarecimiento de nuestra realidad nacional: hasta encontrar la verdad que nos libere y armonice.

Tenemos que descubrir en qué recodo del camino perdimos el rumbo. Si los humanos todos estamos amenazados con la extinción, tenemos que aceptar que hemos sido cómplices de los demás humanos. Si logramos encontrar nuestro propio camino hacia la evolución acelerada que urge a los humanos, dejaremos ser parte del problema: estaremos siendo parte de la solución.

Quizás no sea fácil, ni rápido, encontrar esa verdad armonizante que requerimos. Es posible que las primeras hipótesis planteadas sean incompletas. No obstante, se requiere partir de alguna explicación lógica de los hechos perceptibles. Esta explicación tiene que ser audaz, encaminada a explicar esencialmente los hechos que percibimos cotidianamente como caos: social, político, económico, familiar y educativo.

Si mantenemos como meta encontrar una verdad nacional armonizante, más pronto que tarde empezaremos a avanzar en esta dirección. No importa cuál sea la primera hipótesis planteada, en caso de no resultar armonizante, se desechará o se ampliará. Lo importante es acercarse a una verdad que sea tan armonizante como la realidad esencial de la vida: consecuencia del trabajo colectivo.

Si la realidad cotidiana de nuestro país no es satisfactoria, lo primero que hay que consultar es el proyecto de país que rige el vivir nacional. Aquí nos encontramos con que se habla de dos proyectos: la constitución política de 1917 y el llamado modelo neoliberal. Existen defensas apasionadas de ambos, siempre descalificando al otro proyecto: unos hablan de populismo y los otros de tecnocracia.

La mutua descalificación de ambos grupos de defensores de proyectos de país mutuamente excluyentes habla de que ninguno de ambos grupos posée la verdad.

Quizás sea posible, si los actuales mexicanos nos lo proponemos, encontrar un proyecto nacional que una la opinión de todos los habitantes del territorio nacional. Para este fin, se requiere adentrarse en la historia de nuestra patria y remontarse tanto cuanto sea necesario para encontrar una raíz suficientemente fuerte como para sustentar un proyecto nacional armonizante.

Lo primero que tenemos que hacer es encontrar la verdad histórica de los proyectos de país actualmente en conflicto en nuestra patria. Es aquí donde resulta de utilidad la brújula propuesta arriba: necesitamos encontrar la verdad histórica, indudablemente, pero esta verdad tiene que ser armonizante para avanzar hacia la pervivencia de nuestra especie: no hacia nuestra extinción.

El primero de los proyectos en pugna surgió el 5 de febrero de 1917, como consecuencia de la aprobación, con modificaciones, del proyecto presentado el 1 de diciembre de 1916, ante el Congreso Constituyente reunido en Querétaro, por el Ciudadano Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, es decir, Venustiano Carranza. Se trataba de un proyecto de modificaciones a la constitución de 1857.

Durante los siguientes cincuenta años este proyecto de país mantuvo un vigoroso impulso, enmarcando muchas acciones de fortalecimineto de nuestra patria: la Reforma Agraria derivada de su artículo 27, la autonomía universitaria de 1929, la expropiación petrolera de 1938, el ejército nacionalista, el Instituto Mexicano del Seguro Social, la expropiación eléctrica, et cetera.

Para encontrar el punto de quiebre de este proyecto de país hay que remontarse al miércoles 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Pareciera que el asesinato a mansalva de estudiantes, en realidad, hubiera sido el asesinato del proyecto de país de la Revolución Mexicana. Quizás, este proyecto se fracturó antes: el miércoles 18 de septiembre anterior: con la invasión de C. U.

A partir de entonces, la Revolución Mexicana empezó a perder el rumbo, pareciera que en Tlatelolco se hubiese roto la brújula de los gobiernos revolucionarios. Nuestra patria empezó a debilitarse, como si la trampa que el presidente Gustavo Díaz Ordaz le tendió al Ejército Mexicano hubiera iniciado la marcha en reversa de la Revolución Mexicana: sus logros han sido desmantelados: uno por uno.

Para tener una apreciación global del debilitamiento nacional consecuente, basta hacer un recuento del endeudamiento externo de nuestra patria al final de cada sexenio: en 1970 era de 3,000 millones de dólares, en 1976 había subido a 27,000 millones de dólares, en 1982 a 84,000 millones, en 1988 a 101,000 millones, en 1994 a 140,000 millones y, al día de hoy, en 1999 a 160,000 millones de dólares.

Los más beneficiados con este endeudamiento han sido nuestros acreedores. El pago anualizado de los intereses es descomunal. A lo anterior hay que agregarle los cerca de 80,000 millones de dólares del Fobaproa. Al conocerse los escandalosos depósitos de la familia Salinas de Gortari en Suiza y en otros países, uno bien puede pensar que los presidentes han sido cómplices de los bancos acreedores.

Independientemente de cualquier posible complicidad, la realidad más descarnada es que los mexicanos todos estamos en estado de indefensión ante los innumerables acreedores. La carga no únicamente nos afecta a los actuales mexicanos, nuestros hijos y nietos también están condenados a una vida de escasez. Esto nos ha hecho vulnerables a los dictados del capital extranjero.

Como una corroboración de este debilitamiento económico, vale tener presente que en 1968 cada dólar costaba $ 12.50 M.N., mientras que en 1999 para adquirir un dólar se tienen que pagar $ 9,600.00 M.N.. La maniobra de quitarle tres ceros al peso, llevada a cabo por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, fue una más de las mentiras en que nos obligan a vivir a los mexicanos.

Pareciera que la intención final fuese desmantelar todo signo de independencia nacional para entregar el territorio a nuestros vecinos del norte. Esto no es una idea descabellada. Desde hace más de 200 años Estados Unidos manifestó su intención de comprar a España el territorio de la entonces Nueva España. Posteriormente sufrimos la cercenación, a través de una “compra”, de la mitad de territorio nacional.

No pocos mexicanos manifestan hoy su odio a Antonio López de Santa Anna, no por haber vendido los estados del norte, sino por no haber vendido todo el territorio nacional. Muchas mujeres mexicanas, de todas las escalas sociales, van a dar a luz a Estados Unidos, desean que sus hijos nazcan allá para que al crecer se conviertan en american citizens ‘ciudadanos americanos’.

Pareciera que el llamado modelo neoliberal estuviera siendo utilizado por los políticos mexicanos para “homologar” a México con Estados Unidos. Esto no únicamente se refiere a aspectos económicos, como pudieran ser la venta de Petróleos Mexicanos o la Comisión Federal de Electricidad, sino también a lo que sustenta la independencia tecnológica como puede verse con el desmantelamiento del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP).

Los aspectos educativos también están siendo “homologados”. El sociólogo alemán Max Weber afirmaba que los fines de los políticos son irreconciliables con los fines de los científicos. Esto avala la autonomía universitaria.

El último bastión importante de la Revolución Mexicana, el Ejército Méxicano, herencia directa del Ejército Constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza, ha sido atacado sistemáticamente. Se le ha involucrado en escándalos de represión, corrupción y narcotráfico.

Es aquí donde se percibe la necesidad de esclarecer a fondo el proceso en que estamos sumidos los mexicanso desde hace más de 30 años, desde el miércoles 2 de octubre de 1968 para ser exactos. Es preciso encontrar la verdad. Los mexicanos del presente necesitamos descubrir la realidad esencial de lo que pasa en nuestra patria, para plantear una tercera vía: que sea nacionalmente armonizante.

La armonía siempre es consecuencia de la unidad en la acción. El ejemplo más importante de unidad en la acción, vale aquí repetirlo, nos lo ofrecen cotidianamente la tierra, la lluvia, el aire y el sol. Al trabajar colectivamente estas cuatro fuerzas siempre prospera lo vivo. Cada uno de nosotros puede afirmar: soy tierra, soy lluvia, soy aire, soy sol. Esta es nuestra identidad primera y esencial.

Si lo pensamos un poco, cada una de estas cuatro fuerzas es muy diferente de las otras tres. Quizás sea más apropiado decir que cada una de ellas es una manifestación diferente de lo mismo: la materia que forma el universo. Es así que cada una representa un estado diferente de la materia: el sólido, el líquido, el gaseoso y el ígneo. La vida viene a ser el quinto elemento: resultado del trabajo colectivo.

Al ser los humanos, al igual que todo lo vivo, una manifestación de la vida, es muy lógico pensar que también estamos capacitados para la unidad en la acción. Los mexicanos del presente estamos urgidos de encontrar nuestra verdad nacional, sí, pero siempre en armonía. Necesitamos entender nuestro aquí y nuestro ahora buscando juntos en nuestra historia patria las causas de la desarmonía.

Con esta finalidad en la mente, es prioritario comprender lo ocurrido en nuestra patria en 1968. Lo primero que puede decirse es que entonces ocurrió un parteaguas. Se puede decir que, históricamente, 1968 representa una cima en el devenir nacional: hasta ese momento nuestro país iba en ascenso, a partir de entonces empezamos a descender como país.

Antes de continuar, es preciso recordar que «siempre hay una cima más alta». Si los mexicanos nos mantenemos en armonía, reconociendo la verdad, por más dolorosa que pueda resultar para algunos de nosotros, es lógico pensar que nuestra patria puede entrar en un nuevo proceso de mayor ascenso; que, unidos en la acción, podremos alcanzar una nueva cima: ¡más alta!.

Aquí ya se puede decir que el presente debilitamiento nacional puede ser explicado por la falta de respeto generalizada hacia la suprema ley de la Revolución Mexicana: el incumplimiento del pacto social de 1917. Se puede decir que el mal ejemplo ha cundido. Al observarse la impunidad presidencial, muchos de los mexicanos violan y burlan la constitución política vigente: quizás la gran mayoría.

Es imprescindible puntualizar aquí la diferencia entre «derecho positivo» y «derecho vigente». Aunque se utilizan como sinónimos, no son lo mismo. El derecho vigente es el que fue previamente aprobado por el Poder Legislativo y que conforma el cuerpo de leyes de un país. El derecho positivo es el aplicado día con día por ciudadanos y jueces. En el México del presente no coinciden.

La impunidad generalizada que existe en nuestro país, consecuencia de una corrupción también generalizada, ha convertido a la constitución política de 1917 en derecho vigente pero sin ser derecho positivo, dicho de otra manera, dicha ley suprema es ya letra muerta. Al parecer, los únicos a quienes se les aplica la constitución es a los enemigos políticos.

Los virreyes de Nueva España, al recibir de España una nueva ley, daban siempre una instrucción: “acátese pero no se cumpla”. Esto mismo parece estar ocurriendo en el México del presente. La impunidad ha llegado al grado que, de cada cien denuncias de delitos, únicamente se llevan adelante tres. Generalmente esto ocurre cuando la víctima ofrece dinero a la autoridad respectiva.

Muy a pesar de las más de 500 reformas realizadas por los presidentes de la República desde 1917, la actual Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos está en el mismo caso: se acata pero no se cumple. Los actuales mexicanos podemos seguir “haciéndonos tontos solos”, como aquel famoso Tío Lolo, o bien, ejerciendo nuestro propio derecho, podemos darnos un nuevo estado de derecho.

Para llevar a cabo esta tarea nacional, que resulta de la mayor prioridad, conviene recordar sucintamente la historia de nuestra actual constitución: la promulgda en Querétaro el 5 de febrero de 1917, como consecuencia de un proyecto de reformas a la constitución de 1857. La cual había sido elaborada en la ciudad de México, entre febrero de 1856 y febrero de 1857.

La gran mayoría de los actuales mexicanos ignora que este fue el origen de nuestra actual constitución. En el grave momento que vivimos es preciso ir muy más allá de este origen reciente, que es el que reconocen la mayoría de los jurisconsultos. Si en realidad deseamos que “la siguiente cima” que alcance nuestra patria sea elevada, es preciso ahondar en nuestra historia: para armonizarnos con ella.

Surge como compromiso nacional remontarnos al pasado más remoto posible; esclareciéndolo hasta encontrar esa verdad última que nos abrirá el camino hacia la armonía plena: individual y colectiva. Si no trabajamos hasta lograr ambas, nuestra armonía como individuos y como país, el esfuerzo será inutil. Tenemos que lograr, por acción colectiva, una patria que nos acoja y nos cobije a todos.

Primeramente, es preciso reconocer que la constitución de 1857 se inspiró en tres constituciones extranjeras: la de Estados Unidos de 1787, la de Francia de 1795 y la de España de 1812. Con un retraso de cerca de 100 años, México se incorporó al movimiento constitucionalista; de la única manera que le fue posible a los cerca de 9 millones de mexicanos de aquel entonces: imitando en el papel.

El antecedente jurídico directo que avaló la constitución liberal de 1857 fue la revolución de Ayutla; cuyo objetivo inicial fue el derrocamiento de Antonio López de Santa Anna; quien ocupaba la presidencia de la república por novena ocasión, y desechar la constitución política que avalaba su noveno mandato, que databa de 1847. Antes hubo otras constituciones, las más notables: en 1821, en 1824, en 1836 y en 1842.

Cabe señalar que, tanto la constitución vigente en 1856 cuanto las anteriores, tenían como referente jurídico el Tratado de Córdoba, firmado entre los españoles criollos y la corona española. Para avalar la firma de dicho tratado, España contaba como antecedente jurídico las cuatro bulas alejandrinas de 1493: dos llamadas inter cetera, la llamada eximiae devotionis y la dudum siquidem.

Las cuatro son muy similares entre sí. La primera de las cuatro, una de las dos llamadas inter cetera, fue emitida el 3 de mayo de 1493 por el supremo gobernante de El Vaticano. En dicho documento, Alejandro VI “dió, concedió y asignó a perpetuidad todas y cada una de las tierras e islas” a las que había llegado Cristóbal Colón a partir del 12 de octubre de 1492.

La “asignación a perpetuidad” no era sólo para lo “descubierto” por Cristóbal Colón en su primer viaje, sino también las “que se descubran en lo futuro”, eso sí, “siempre que no estén sujetas al actual dominio temporal de algún señor cristiano, con todos sus territorios, ciudades, castillos, lugares, villas, derechos, jurisdicciones y universales pertenencias, en nombre de la autoridad de Dios Todopoderoso, …”.

Como es bien sabido, Colón había llegado a la isla de Guanahaní el 12 de octubre de 1492 del calendario conocido como juliano. Antes de regresar a Europa, a donde llegó el 3 de marzo de 1493, había visitado diferentes islas de lo que actualmente se llama Caribe. Los nombres actuales de estas islas son: Rum Cay,Crooked Island, Cuba (que Colón pensó que se trataba de Japón), Haití, Puerto Rico.

Es importante subrayar que se trataba de islas, porque Alejandro VI, un español nacido en Játiva cuyo nombre original fue Rodrigo Borja, se apoyó en lo que se conoce como doctrina omni-insular del papado medieval. Con esta “base”jurídica fue que el jefe de la Iglesia Católica apostólica Romana “dio, concedió y asignó” a los reyes de España las islas visitadas por Cristóbal Colón meses antes.

La formulación explícita de la doctrina omni-insular fue hecha primeramente por el “papa” Urbano II en la “bula” Cum universae insulae, con fecha del 3 de junio de 1091 del calendario llamado juliano, y de la “bula” Cum omnes insulae, con fecha del 28 de junio del mismo año. La primera de ellas fue emitida para acoger bajo su protección un monasterio en las islas Lípari, ubicadas entre Sicilia e Italia (Beckmann: 38).

La segunda de las “bulas” es ya de carácter de otorgamiento de tierras. En efecto, en la “bula” Cum omnes insulae Urbano II concede a perpetuidad a la Iglesia de Pisa la isla de Córcega, a cambio de un tributo anual de cincuenta libras de Lucca a la iglesia de Roma. La “Santa Sede” había gozado de prorrogativas sobre la isla, aunque fue desposeída transitoriamente por la ocupación árabe.

La “base” jurídica señalada en ambas “bulas” de Urbano II es la “Donación de Constantino”, o Privilegium Constantini. Según “la tradición”, dicha “donación” habría sido hecha por el emperador romano Constantino quien, lleno de admiración hacia silvestre, el “papa” de Roma cuyos buenos oficios lo habrían curado de la lepra. Aunque no se registró la fecha, esto habría ocurrido alrededor del año 325.

Es importante ubicar la fecha aproximada debido a que dicha “donación” nunca fue realizada en vida del emperador Constantino. Dicho documento aparece por primera vez en una colección de documentos, reunida entre los años cristianos 780 y 790, en la abadía de San Dionisio, cerca de París. Hasta el presente, se desconoce el origen de tan importante falsificación.

El investigador Luis Beckmann, en la página 40 del libro que contiene su tesis doctoral titulada Las bulas alejandrinas de 1493 y la teoría política del papado medieval, estudio de la supremacía papal sobre las islas 1091 – 1493, hace un comentario de pie de página, del cual procede la siguiente cita:

” … La falsedad de la “Donación” casi palpable para cualquier lector cuidadoso, en virtud de las inexactitudes, contradicciones y anacronismos que contiene, escapó a la mente medieval, una de cuyas características fue la falta de comprensión de la crítica histórica. No fue sino hasta la época renacentista, y con ella la aparición del criticismo histórico, cuando la “Donación” vino a ser puesta en evidencia por Lorenzo Valla y otros. …”

Aquí está el meollo del asunto. Este es el origen de la ilegalidad de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Este es el recodo de la historia hasta el cual tenemos que acercarnos para lograr restaurar nuestra armonía histórica. La “corona española” y la “santa sede” se aliaron “en lo oscurito”, como se diría actualmente, para perpetrar juntos un gran genocidio.

Es muy importante que los mexicanos del presente esclarezcamos este oscuro pasaje de la Iglesia Católica Apostólica Romana para limpiar nuestro pasado: única forma de alcanzar un futuro digno. La ignorancia de la falsedad de la “donación” de Constantino no exime a los “papas” de la culpa del genocidio que se cometió con las “bulas alejandrinas”.

Lo importante para los “mexicanos” del presente es constatar que la constitución de 1917 tiene vicio de origen; esto implica que estamos muy lejos de vivir en el Estado de Derecho que los políticos mexicanos dicen que existe en nuestro país. El proyecto de la Revolución Mexicana fue un intento fallido de organización política. El fracaso del nacionalismo revolucionario fue su consecuencia natural.

El creciente caos social, político, económico, familiar y educativo que vivimos los habitantes del territorio nacional es totalmente explicable por el falso origen de la “legalidad”. Al tener un origen falso las “bulas alejandrinas”, se puede afirmar categóricamente que la llegada de los españoles al territorio de la antigua Anáhuac fue invasión, y no “conquista” como se dice oficialmente.

Durante los 300 años que existió, la llamada Nueva España fue un gobierno ilegal. El Tratado de Córdoba fue asimismo un documento ilegal. Por también tener su origen primero en un documento falso, han sido ilegales todas las constituciones políticas que han regido a nuestra patria. En consecuencia, el gobierno mexicano del presente es un gobierno ilegal. No existe otra manera de decirlo.

Los actuales gobernantes pueden alegar que no han gobernado ilegalmente, esto no le quita lo falso a la “Donación de Constantino”, en consecuencia, no corrige el vicio legal de origen. Lo único inteligente es reconocer que vivimos en la ilegalidad y, enseguida, trabajar colectivamente en un nuevo proyecto nacional: que represente una nueva cima, una cúspide más alta que la de 1968.

Nuestro momento histórico es, hasta el presente, confuso, profuso y difuso. Nuestro ambiente nacional está caracterizado por una estupidez creciente. Los responsables de la marcha del país dan muestras crecientes de confusión, de falta de fuerza en sus declaraciones: por carecer de verdad. Es por esto que hemos caído en el círculo virtual de la publicidad: el slogan ha sustituido a la verdad.

Los slogans son cambiados casi a diario: antes de que se descubra que son mentira. Los únicos beneficiados con este estado de cosas son los dueños de las televisoras y de las radiodifusoras. Esta realidad “virtual” se explica por la falsedad del origen de nuestro actual modo de vivir. Es por esto mismo es que ha perdido fuerza la palabra de los dirigentes políticos mexicanos: legisladores, funcionarios, jueces.

Aquí ya resulta claro por qué los mexicanos crecimos en un ambiente lleno de mentiras: porque nuestro origen fue una mentira: la “Donación de Constantino”. He aquí lo que nos divide, esto es lo que nos mantiene en conflicto, lo que nos convierte en cómplices de los humanos que trabajan para la extinción del Homo sapiens sapiens. Como quien dice: estamos cavando nuestra propia tumba.

Resulta entonces importante la frase propuesta arriba como nuestra brújula nacional: “la verdad siempre es armonizante, si no es armonizante, no es verdad”. Decir la verdad es lo que que nos puede volver a unir a los mexicanos, es lo que nos puede hermanar nuevamente. Trabajar colectivamente hasta encontrar la verdad que nos llevará a un futuro digno es nuestra tarea nacional prioritaria.

Antes de empezar a conceptualizar nuestro nuevo proyecto nacional, es imprescindible esclarecer la diferencia entre lo que se entiende por “derecho europeo” y lo que se entiende por “derecho autóctono”. El “derecho europeo” se basa en la promulgación de leyes escritas que todos deben obedecer, el “derecho anahuaca” se basa en principios armonizantes que están implícitos en nuestras lenguas autóctonas.

La aplicación del “derecho europeo” implica la obediencia, la aplicación del “derecho anahuaca” es consecuencia de la conciencia. Un país que se rige por el derecho europeo condena a sus ciudadanos a actuar permanentemente como niños que tienen que obedecer a sus mayores. Un país que se gobierna por el derecho anahuaca propicia que cada ciudadano actúe como adulto: ejerciendo su libre albedrío.

En un país así los ciudadanos actúan con conciencia social, con conciencia política, con conciencia económica, con conciencia familiar, con conciencial educativa. Este nivel de conciencia péntica es la consecuencia natural de un sistema, más que educativo, de armonización cultural que propicie que cada ser humano alcance su propia soberanía: ética, humana, autárquica, sexual y cultural.

El “derecho europeo” es lo que rige en el México actual. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, cuyo origen espurio se esclareció arriba, junto con todas las leyes de ella emanadas, nos mantienen como niños: indefensos ante los abusos de quienes supuestamente están a cargo de la buena marcha de nuestro país. En concreto: el “derecho europeo” explica el caos nacional.

Tenemos que trabajar colectivamente en la búsqueda de todos aquellos principios armonizantes que nos permitan un vivir apegado a la vida en el planeta Tierra. Para esto es imprescindible unirnos en el conocimiento, requisito previo para unirnos en la acción, «es entre todos como podemos conocerlo todo: como podremos hacerlo todo».

BIBLIOGRAFIA

Weckmann, Luis
1949 Las bulas alejandrinas de 1493 y la Teoría Política del Papado Medieval, estudio de la supremacía papal sobre islas 1091 – 1493. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia. México.

Luis Weckmann, página 41:
Privilegium Constantinum:
“… Ad imitationem imperii nostri, unde ut non pontificalis apex vilescat, sed magis amplius quam terreni imperii dignitas et gloriae potentia decoretur, ecce tam palatium nosturm… quamque Romae urbis et omnes Italiae seu occidentalium regionem provintias, loca et civitates sepefato beatissimo Pontifici… Silvestrio… vel successorum ipsius pontificum potestate et ditioni firma imperiali censura per hanc nostrum divalem sacrum et pragmaticum constitutum decernimus disponendam atque iure sanctae Romanae ecclesiae concedimus permanendam…”

“… et per nostras imperialium iussionum sacras tam in oriente quam in occidente, videlicet in Iudea, Grecia, Thracia, Africa et Italia vel diversis insulis nostram largitatem eis (ecclesiis beatorum apostolorum Petri et Pauli) concessimus, ea prorsus ratione, ut per manus beatissimi patris nostri Silvestri `pontificis succesorumque eius omnia disponantur …”

http://www.omeacatl.org/tlamatiliztli/?p=503

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