
El objetivo no es hacer polemica, solo conocer un poko, Para las cosas sagradas, solo una pizca dicen los abuelos, si no, nos hacemos bolas. Slds.
LOS RESTOS DE CUAUHTÉMOC
POR: Edwin Corona y Cepeda.
Miembro de la Academia Nacional de historia
y de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.
La historia de este supuesto hallazgo se encuentra entretejida por una serie de contradicciones, establecidas por la Maestra y los políticos de la época, tal como sucede actualmente con la Maestra Elba Esther, pues Doña Eulalia, dándole madruguete al arqueólogo Carlos Margaín, que como buen burócrata era todo un talegón, cuando este llegó a este pueblo bicicletero (hoy “pueblo mágico” ) se encontró con que Doña Lala tenía convencido a todo el pueblo y, como lo ha hecho la APIVER con los pescadores, a todos les dio trabajo y convirtió el lugar en una formidable serie de trincheras, donde hombres, mujeres y niños cavaban desesperadamente en busca de la mentada osamenta del difunto “’Águila que desciende”
Notificado del hallazgo de los restos de Cuauhtémoc, el entonces presidente Miguel Alemán Valdez, consideró que el supuesto descubrimiento convenía a su política de mexicanidad y ofreció, conjuntamente con el Gobernador de Guerrero, todo el apoyo a la Maestra Eulalia Guzmán a efectos de certificar tan importante encuentro y para ello envío, ni más ni menos que al más notable muralista mexicano, el pintor Diego Rivera, quien, tomando en consideración los huesos encontrados, colocó en una mesa una sabana, sobre ella los huesos encontrados y dibujó la silueta que confirmaba el descubrimiento de los restos del último tlatoani azteca. La foto correspondiente, tomada por Don Eliseo Salmerón, que causó revuelo en el círculo intelectual, fue publicada en la revista Arqueología Mexicana.
El primero en llamar la atención sobre tan ortodoxo procedimiento de identificación fue Don Alfonso Caso, al que siguieron una serie de reclamos, ya que al analizarse la mencionada osamenta, se encontraron que estos habían pertenecido a ocho individuos diferentes y el cráneo correspondía a una persona del sexo femenino.
En 1951, Doña Eulalia Guzmán volvió a las andadas y escarbó en diversos sitios siendo acompañada por una Comisión Verificadora sobre el Hallazgo de los Restos de Cuauhtémoc en Ixcateopan, misma que resolvió que la falta de técnica en el hallazgo era evidente, pero no dijo ni si ni no acerca de la autenticidad de los restos. O sea que doña Eulalia siguió demostrando que solo sus chicharrones tronaban, pues ya para entonces, se habían “amarrado” todas las coyunturas políticas para enaltecer el descubrimiento. Y tan fue así que el gobierno municipal le puso el nombre de Eulalia Guzmán a una de las calles adyacentes y ocupó el sitial académico como Presidente de la Academia Nacional de Historia de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. (SMGE).
Tras estos sucesos el Gobierno del Estado de Guerrero proclamó que “bajo los escombros del templo mayor indígena, se construyó la primera iglesia católica “ y que es en su interior donde se venera, no solo a los santos católicos, sino que ocurren peregrinaciones indígenas de todo el país a rendir culto al último gobernante azteca, haciendo notar que la principio tanto los humildes “marchantes”, como los “danzantes” fueron acarreados. Y de las imágenes y la proyección cinematográfica se encargó Don Genaro Hurtado en el noticiero cinematográfico Rivatón de América.
Ahondando más en este mito, la actual pagina web del Estado de Guerrero, al referirse a la etimología del nombre de Ixcateopan lo traduce como “Aquí está tu señor de mucho respeto”.
Y fue precisamente el 28 de febrero de 1976, en la fiesta conmemorativa del 437 Aniversario del Natalicio de Cuauhtémoc, cuando un diputado local ante la presencia del entonces Gobernador del Estado de Guerrero, el pintoresco Rubén Figueroa, terminó su pieza oratoria con el siguiente colofón: “ Y ya solamente esperamos a que lleguen los miembros del Instituto Nacional de Antropología e Historia para que de una vez por todas digan que aquí se encuentran los restos de Cuauhtémoc…” A estas palabras, que el Señor Gobernador aprobó con un movimiento de cabeza, siguieron los frenéticos aplausos, la música de una banda, cohetes, algarabía y vivas, mientras los miembros de la flamante “Comisión”, según relata el arqueólogo y miembro de la SMGE, Eduardo Matos Moctezuma, en el número 82 de la Revista de Arqueología en el artículo titulado “Ichcateopan y los restos de Cuauhtémoc” “Creímos prudente esperar detrás de la iglesia para que no se nos quisiera comprometer pidiéndonos que dijéramos algunas palabras ante la multitud. Poco después nos acercamos al gobernador y nos hicimos presentes. De inmediato se ordenó que fuéramos al lugar donde se hallaba el montículo y hacia allá nos dirigimos, entre reiterados cohetes, música y grupos escolares. Visto el lugar y expresada la necesidad de comenzar las excavaciones, nos dirigimos a la comida que se tenía preparada para tal acontecimiento. En medio de la comida el señor gobernador nos dijo: Todo cae por su propio peso. Por eso esperamos que hagan pronto su trabajo y digan que aquí está Cuauhtémoc, para que puedan regresar a la Capital, pero con cabeza…Aquellas palabras en boca de tan connotado personaje hicieron que a Jorge Ángulo, Director del Centro Regional de Morelos-Guerrero, a Juan Yadeún, arqueólogo encargado de los trabajos de excavación y a mí, miembro de la Comisión para la Revisión y Nuevos Estudios de los Hallazgos de Ixcateopan, se nos atoraran los ricos tacos de mole en el pescuezo y no era para menos pues sabíamos cómo se las gastaba tan conspicuo personaje….
Esto concuerda con la afirmación del historiador Karl Meyer ( El Saqueo del Pasado, Fondo de Cultura Económico, 1990) en el sentido de que “la controversia sobre la autenticidad de los huesos (de Cuauhtémoc) fue una disputa, tanto política como académica. Por eso, como trató de expresar Matos Moctezuma, el miedo no anda en burros.
Dr. Mario Estrada V





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